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uno)
-¿Qué es la patria para usted?
-Lamento darte una respuesta más bien cursi. Mi única patria son mis dos hijos, Lautaro y Alexandra. Y tal vez, pero en segundo plano, algunos instantes, algunas calles, algunos rostros o escenas o libros que están dentro de mí y que algún día olvidaré, que es lo mejor que uno puede hacer con la patria.
dos)
-Finalmente, algo que se repite es el cansancio, la fatiga melancólica de la derrota, una sensación crepuscular. Hay que salir a luchar aunque sea inútil, aunque la derrota no sea placentera, ni evitable, ni postergable, aunque todo vaya a transformarse en memoria, a lo más. ¿No es eso dulce, poeta troyano?
-Yo soy de los que creen que el ser humano está condenado de antemano a la derrota, a la derrota sin apelaciones, pero que hay que salir y dar la pelea y darla, además, de la mejor forma posible, de cara y limpiamente, sin pedir cuartel (porque además no te lo darán), e intentar caer como un valiente, y que eso es nuestra victoria. En términos menos abstractos y menos pugilísticos: es como salir de noche, digamos, como salir en Asia, como ser pastor errante en Asia y contemplar la noche, y no ceder al deseo de la muerte. Aunque ser pastor y estar en Asia y contemplar las múltiples estrellas son casi sinónimos de la muerte, ¿no?.
tres)
-¿Por qué no tiene aire acondicionado en su estudio?
–Porque mi lema no es Et in Arcadia ego, sino Et in Esparta ego.
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el problema es que me obsesiono muy fácil.
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eso.
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ayer en el metro una niña iba leyendo un librito de alejo carpentier. no era muy linda, pero iba leyendo a carpentier y marcaba la página con una bolita de papel. el libro era sacado de biblioteca, porque tenía un numerito de clasificación en el lomo (igual puede ser que no, porque hay gente que clasifica los de su casa y le pone papelitos, pero yo creo que era de bi-blio-te-ca).
