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En Abril del ‘63 Pizarnik escribió: “¿La poesía me ayuda? No. Ni leerla ni escribirla”.
Unos meses después, A. escribía sobre la “imposibilidad de la poesía” y se animaba a escribir para convencerse de que esa imposibilidad era falsa. Ahí está todo, creo yo, por eso se la odia, pero por eso mismo se la ama: porque sale a perder por knockout y no le importa, porque sabe que es indecible lo que es, pero ahí vamos. Porque “la poesía es más valiente que nadie”(1), porque “entre la lluvia y la vida hay que elegir la lluvia”(2).
(1): Roberto Bolaño, en “El gusano”, La universidad desconocida, Anagrama, Barcelona, 2007.
(2): Jorge Teillier, en “Lluvia inmóvil”, Para un Pueblo Fantasma, EDEVAL, Valparaíso, 2004.
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Entonces habría que tirarse en el pasto a escuchar Almendra (o Stones, depende) y apenas empiece a oscurecer bajar por El golf y doblar a la derecha en la plaza del hoyo y llegar a la placita escondida y subirse a la roca y mirar la playa y volver a comer algo rico mientras vemos películas y estamos así bien free. sin comas, porque sería sin pausas.