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El hacedor, de Borges, pasa a engrosar las filas de la Biblioteca virtual. Lo había digilitalizado en diciembre, pero no me había dado el tiempo de subirlo.
(Ya en confianza, declaro que Delia Elena San Marco (página 12) es uno de mis favoritos).
Les dejo el epílogo:
“Quiera Dios que la monotonía esencial de esta miscelánea (que el tiempo ha compilado, no yo, y que admite piezas pretéritas que no me he atrevido a enmendar, porque las escribí con otro concepto de la literatura) sea menos evidente que la diversidad geográfica o histórica de los temas. De cuantos libros he entregado a la imprenta, ninguno, creo, es tan personal como esta colecticia y desordenada silva de varia lección, precisamente porque abunda en reflejos y en interpolaciones. Pocas cosas me han ocurrido y muchas he leído. Mejor dicho: pocas cosas me han ocurrido más dignas de memoria que el pensamiento de Schopenhauer o la música verbal de Inglaterra.
Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara.
J. L. B.
Buenos Aires, 31 de octubre de 1960″.
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La revista Paula publicó seis cartas que Bolaño le mandó a su primer editor entre el ‘77 y el ‘81. Las cartas, al parecer, las escaneó y envió el mismo Juan Pascoe a Jaime Díaz, que está preparando un documental sobre R.B.
Aprovechando el scáner, pasé las cartas y las dos fotos que aparecen (una de esas es la que se ve arribita) . Las cartas están acá.
El epígrafe de Va por ti Jesús Luis, de Mario Santiago, es un poema de Robert Lowell. O eso dice Mario Santiago que es. Yo no sabría decir, porque no tiene más datos que el nombre del poeta abajito y con esta gente uno nunca sabe.
De todas formas, dice así:
Los amigos son tan
pero tan espeluznantemente bellos
que yo les gritaría Bienvenidos
Gozozo: lleno de lágrimas
Así vinieran del infierno
Son buenos esos versos. Primero porque no dice simplemente “bellos” sino “espeluznantemente bellos”.
Segundo, y más importante, porque no se trata de no permitir que caigan en el infierno ni de ir a buscarlos si es necesario. Se trata de recibirlos lleno de gozo cuando quieran venir. Una amistad à la Raymond Carver: sin heroísmos.

