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En el bolso: Ensayos sobre la paz, el progreso y el ideal cosmopolita de Kant y los Cantos de Leopardi.
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Acá un oscurísimo confetti (Mario Santiago dixit) de René Char (1907 – 1988), sacado de la antología que editó Mediodía el ‘68. La traducción es de Raúl Gustavo Aguirre, la selección es mía.
“Eres mi amor desde hace tantos años,
Mi vértigo ante tanta esperanza
Que nada puede envejecer, enfriar,
Ni siquiera lo que esperaba nuestra muerte
O lentamente supo combatirnos
Ni siquiera aquello que nos es extraño
Y mis eclipses y mis regresos”
en A…
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“Somos ingobernables. El único amo que nos puede ser propicio es el Relámpago, que unas veces nos ilumina y otras nos hiende.
Relámpago y rosa, en nosotros, en su fugacidad, para nuestra consumación, se unen”
en Los compañeros en el Jardín
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“Disciplina, ¡cómo sangras!”
en Hojas de Hypnos
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“No tengo miedo. Sólo vértigo. Me hace falta reducir la distancia entre el enemigo y yo. Afrontarlo horizontalmente“.
en Hojas de Hypnos
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“Dejar para más tarde la parte imaginaria, que, también ella, es susceptible de acción”.
en Hojas de Hypnos
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“Poner en camino la inteligencia sin la ayuda de los mapas del Estado Mayor”
en Hojas de Hypnos
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“En todas nuestras comidas en común, invitamos a la libertad a sentarse. El lugar permancece vacío pero el cubierto está puesto”
en Hojas de Hypnos
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“Tantas palabras son sinónimas de adiós, tantos rostros no tienen equivalente”
en Marta
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“Su crimen: un rabioso querer enseñarnos a despreciar los dioses que llevamos en nosotros”
en Los compañeros del jardín
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“En nuestro jardín se preparan bosques”
en Los compañeros del jardín
Aceituno, refieriéndose al testimonio, dice:
Como acto, involucra una ética de la enunciación, asociada a los riesgos de tomar la palabra y de implicarse como sujeto.
Totalmente de acuerdo.
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“O gentlemen, the time of life is short!
To spend that shortness basely were too long,
If life did ride upon a dial’s point,
Still ending at the arrival of an hour.
And if we live, we live to tread on kings;
If die, brave death, when princes die with us!
Now, for our consciences, the arms are fair,
When the intent of bearing them is just”.
William Shakespeare, King Henry IV, Parte 1 – Acto 5, Escena II

