No conozco un solo hombre feliz que lea. Y tengo amigos de todas las edades. Todos los individuos de existencia más o menos complicada que he conocido habían leído. Leído, desgraciadamente, mucho.
— Roberto Arlt, en Aguafuertes porteñas V
Le mostré la cita a Coni y dijo “que bueno que soy mujer”. Eso lo dijo en broma pero podría ser en serio.
(originalmente cargada por cotidad).
¿Cómo podría yo, cómo podría nadie abandonarse voluntariamente al horror? *
Mira, no sé cómo pero de poder se puede.
* Antonio di Benedetto, en Zama
(originalmente cargada por Eamonn Harnett).
Silva Acevedo se terminó de ganar mi cariño con este poema de Monte de Venus (1979). “Muros leales” me parece una figura ahí nomás y “ardores postreros” me parece mal elegida, pero el cariño es así, qué se le va a hacer.
Estos muros
Estos muros
presenciaron las desnudeces de nuestra alegría
resistieron mis puñetazos de desesperación
y apagaron nuestros sollozos
Aquí nos refugiamos,
mi adorada sierva asustadiza
entre los muros leales de esta casa
blanda de lanas
calurosa como tu cuerpo
donde sostengo irresponsablemente
los ardores postreros de mi juventud.