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(Untitled, originalmente cargada por margaritaitaita).
Te quiero, qué comienzo,
peor es tragar saliva
Siempre es lo mismo: leo por última vez el texto, trato de asegurarme de que todas las comas estén bien, de que no haya errores en los géneros, en los números, en las citas. Termino, me paro, prendo un cigarro. Y ahí, precisamente ahí, nunca antes, siempre de pie y siempre con un cigarro: el golpe. O algo que viene de golpe. Un “hay que decir otra cosa”. Il faut, es preciso, alguien debe: il faut que quelqu’un.
y peor aún este nudo en la garganta que toma los contornos
del mundo o la forma de un grano de ripio pegado a la planta de los pies
Viene de golpe y en varias voces. Un coro. Es la voz de E. preguntándome qué quiero decir, es la de voz M. interrogando sobre un punto que no cerré , es la voz de B. diciéndome “escribes como hablas”. Es voz la de tantos que hablan en mí. Es también los ojos de G., la sonrisa de A., el gesto de F., el silencio de M. Siempre el silencio de M. Me piden valentía, me piden que por fin diga lo que quiero decir, que tome la palabra y por fin lo diga. O que lo calle. Nunca se sabe bien.
a cada instante engaño
a cada instante me engañan
Esa exigencia viene siempre de fuera y siempre llega tarde. Me interrumpe y yo dejo que me interrumpa. Me quita el texto, lo hace suyo. Ya no es mi texto. Ya no es ni siquiera el de esas voces.
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