Una nueva vuelta del interminable ballet


Que nació en abril
enero 31, 2012, 1:43 am
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No necesito preocuparme de hacerlas llegar, llegan igual: es la ley de una foto. Cosa de la Central Internacional de Fotografías, del Comité Central de Fotógrafos Unidos del Mundo  (no alcanzaste a saber que esto se lo saco a Marchant.  No alcancé a mandarte ‘sendas’ transcripciones de un libro que te hubiera gustado).

Ni studium y ni punctum: tú en chaleco verde, mirando primero hacia arriba y luego hacia abajo. O al revés, da igual. Son las únicas dos fotos que tengo de ti, las únicas que te tomé y las únicas que conozco. Tú en el sillón azul que desapareció hace ya un tiempo, como tú y como nuestros años en Santiago. Todo desapareció, y lo que no desapareció está a punto de hacerlo.

Nuestra amistad no. Eso no. Nuestra amistad se confirmó en el exacto momento en que tomaste un bus a esa ciudad que ahora te guarda como el mejor secreto de unos años perdidos, irremediablemente perdidos. Una amistad que no es más que un silencio de veintidós meses, una ausencia de tres años.

No he vuelto a escuchar la canción que insistías en poner una y otra y otra vez. No he vuelto a tomar el té con rosas que no dudaste en agotar en menos de una semana. No vuelto a leer a Badiou. Nunca más a Badiou.

Dos fotos, nada más. Dos fotos tomadas el mismo día y en el mismo lugar. (Me acuerdo perfectamente de ese día: habíamos ido a ver una Actores secundarios a la librería de Le Monde Diplomatique, luego fuimos a mi departamento y me dejaste tomarte dos fotos, sólo dos. Sin mirar a la cámara, esa era la regla. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde eso?)

Las fotos le van a llegar, eran para ella desde antes de que las tomara. Tú lo sabes y me lo confirmaste convenientemente vía mail. Para ella y sólo para ella son estas fotos. Para ella que nació en abril y nada sabe de nuestros años en Santiago.

Avui i sempre, amics.



Cuéntalo todo
enero 10, 2012, 12:44 am
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(Rollo 11, # 27, originalmente cargada por ThisIsHav).

Todo lo que he hecho estos meses es escribirte cartas de amor. Escribirte aunque no leas lo que escribo, aunque no lo vayas a leer nunca. Eso no importa. Te escribo, es decir, te hago entrar en el texto como en un sueño. Como un sobreviviente del amor, dejo testimonio de esta imposibilidad que nuestro amor siempre ha sido.

Mi profesor me lo dijo hoy: las cartas de amor tienen que ser breves. Una o dos frases bien elegidas harán todo el trabajo y ella va a poder decir: me dijo esto. Una dos frases para que las memorices, para que sean el código postal que lleves contigo.

Trato de escribirte mi amor en una o dos frases. Vas a tener que saber reconocerlas para poder decirle a otros lo que te he dicho sólo a ti. Te escribo una o dos frases para que puedas contar nuestro secreto, ¿ves? Te ahorro tiempo: no vas a tener que resumir, vas a poder decirlo todo sin que ningún detalle se escape. Y si cuentas nuestro secreto entonces está todo decidido. El secreto debe circular, debe ser contado, gritado a los cuatro vientos incluso. Sólo contándolo el secreto permanece secreto.

Me vas a decir que lo que digo no es más que un vicio de intelectual, que estoy inventando. Me vas a preguntar de dónde saco estas cosas, me vas a decir que si se cuenta ya no es secreto. Tienes razón: el secreto no se cuenta, pero no se cuenta porque no se puede. Es imposible.

Quizás decirlo así: puedes cometer la infidencia de decir lo que te he dicho, puedes copiarlo en tu cuaderno y repetirles palabra por palabra todo lo que te he escrito. De nada sirve: hay algo que no vas a poder decir. Repítelo todo, usa mi tono, reproduce mis gestos, conviértete en mí, de todas formas algo quedará sólo entre los dos. El núcleo secreto del secreto sólo aparece cuando lo cuentas.

Anda, dilo, di que todo lo que he hecho estos meses es escribirte cartas de amor, diles que en cada cosa que escribo hay una o dos frases que son para ti y sólo para ti.

Cuéntalo todo, guarda el secreto.



La fotografía y el gasto
enero 9, 2012, 3:03 am
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Julia y los niños

(Julia Schucht, Delio Gramsci y Giuliano Gramsci).

Esta quizás sea una de las últimas cartas que Gramsci escribió. Está fechada a tres meses de su muerte.

¿ Cuánto cuesta una fotografía, A?

… quiero irremisiblemente una hermosa fotografía de los chicos y tuya. Una fotografía bien hecha, por un buen fotógrafo, y no un jueguecillo de aficionado. No entiendo por qué no me mandas más a menudo fotografías vuestras; ¿por el gasto? No lo creo. ¿Por otra razón? Han pasado ya más de diez años sin vernos; ¿por qué no vernos más a menudo de esa forma? Para mí la cuestión es distinta, muy distinta, y tú lo comprendes, según creo: 1° tendría que pasar por las gestiones de la policía, y este 1° es ya decisivo para mí. Cara Iulca, mándame buenas fotografías de todos, en grupo e individualmente. Cara, te abrazo,

Antonio.

— Antonio Gramsci. ‘Carta a Julia Schucht [Roma, 23-I-1937; L. C. 882]‘ en Antonio Gramsci, Antología (Selección, traducción y notas de Manuel Sacristán; Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2006 [1970]), 513




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