Una nueva vuelta del interminable ballet


Soñe…
junio 1, 2012, 2:18 am
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(Untitled, originalmente cargada por gatopalomas).

Soñé que buscaba la casa de A en San Antonio.

*

Soñé que A me llamaba y que cuando yo contestaba ella colgaba. Se me ocurría entonces salir del departamento y ahí estaba ella, afuera. Entraba y nos quedábamos en mi pieza, pero yo tenía que salir pronto. Salía, me demoraba más de la cuenta (era en San Antonio, en la casa de mi papá y yo no me sabía la dirección. Además, me encontraba con B que iba con C y D, el ex de C). Cuando volvía, por fin, A se había ido, pero estaba su ropa encima de la cama (la ropa con la que la recuerdo, o la ropa que recuerdo encima de mi cama: polera negra, falda de mezclilla, sostenes celestes).

*

Soñé que A se enojaba porque yo no lo pescaba y sólo me preocupaba de otras cosas.

*

Soñé que estaba en una especie de montaña, tipo Valle del Elqui, con alguien que cuando desperté no podía recordar. En la punta de la montaña había cuatro piedras (aunque yo sabía que eran cinco). O más que piedras eran cráteres donde sol se iba posando perfectamente, dependiendo del ángulo en que se mirara (y entonces era una especie de reloj, o como la piedra del sol de Santo Domingo). En cualquier caso, lo que parecía importar es que ahí había un viejo al que yo le preguntaba qué pasaba con eso, al que le decía “dígame, yo voy a tener fe”. Él me decía “para defenderse, hay que primero haberse defendido, es lo que dice Freud en….” Y luego me decía: “eso es dar (¿o darse?, no me acuerdo) la muerte”. En ese momento desperté con la sensación de que el sueño me pedía estar despierto unos segundos para decir en qué libro de Freud estaba eso. Yo no sé. La cosa es que en el sueño yo pensaba en la literatura como defensa anterior a toda defensa, en la disolución del Yo como defensa anterior a toda defensa.

 ***

Todo esto lo soñé entre las 18:00 del domingo 11 de noviembre y las 12:00 del lunes 12 de noviembre de 2011. No fui a trabajar porque preferí seguir soñando (después del sueño de las piedras).



Cuatro veces Viña
mayo 22, 2012, 12:22 am
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(
., originalmente cargada por snjezana.).

Por V.G

Una violencia de mar
Yo renuncié rápido, tú quisiste insistir. Fotografiar la tranquila violencia del mar contra el muelle no me parecía cosa fácil, para ti era cosa de tiempo o de puntería. Quizás sí sea cosa de puntería, quizás todo sea cosa de puntería. No hay nada que al mar pueda vencer.

Extranjería
Tú sabías que yo no conocía las calles y me tratabas como extranjero en la ciudad en la que nací. Es verdad que yo no me acordaba de nada y confundía 3 norte con 15 norte, pero no es cosa de acordarse de las calles: es cosa de atmósfera o de algo que no sabe bien qué es pero que actúa.

De Ecuador a Perú
Mi única petición: llegar a Avenida Perú. Caminamos, entonces, en dirección a Avenida Perú pero sin camino preciso.

Vagar por las calles es una especie de lectura de la ciudad donde los rostros, los mostradores, las vitrinas, las terrazas de café, los tramways, los autos y los árboles se convierten en puras letras, todas iguales en derecho pero que, en conjunto, forman las palabras, las frases y los pasajes de un libro siempre nuevo.
Para vagar en serio por las calles es necesario no tener nada que hacer. Y como en el camino de la plaza Wittenberg a Halensee uno puede ir a comer, tomar, ir al teatro, al cine o al cabaret, puede uno arriesgarse al paseo sin propósito preciso y buscar la aventura imprevista guiado sólo por el ojo.

— Franz Hessel, Promenades dans Berlin (Grenoble: Presses universitaires de Grenoble, 1989), 141

 El espejo, el negativo
A ver si no eres un vampiro y apareces en la foto que te saqué sin que te dieras cuenta: tú cuidando la plantita que te llevaste del otro departamento. (Jamás íbamos a encontrar la planta del jardín: tu libro era un libro de plantas “de interior”. El interior no existe)



En defensa impropia
mayo 14, 2012, 12:50 am
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(
., originalmente cargada por alvertigo † alberto polo iañez).

Impropio de gente como nosotros. Un cierto contrabando, un cierto hacerse pasar por miembro del otro bando. Para defenderse, claro.

Esas semanas:

Un mail de B: “no está sujeta a vivir defendiéndose”

Un sueño: estaba en la punta de una montaña con un viejo que me decía “para defenderse hay que haberse defendido antes”.

Un final de ensayo: “… pero para defenderse hay que sacar la pluma, el stylo, y escribir. Es decir, sacar el stylo e intentar herir un cuerpo: el cuerpo del texto”. O el tuyo.

Una frase de Barthes: “las entrevistas (con grabadora) las he dado siempre á mon corps défendant” á mon corps défendant: en defensa propia, contra mí mismo. Literal: defendiendo mi cuerpo.

¿De qué nos estábamos defendiendo? pobres niñitos dormidos, pobres niñitos que esperan que el colegio amanezca quemado, como en Wacquez. Como Frente a un hombre armado.

Que alguien nos venga a despertar, que alguien nos venga a decir que el colegio se quemó y ya no hay de qué defenderse.

Ven un domingo.



Que nació en abril
enero 31, 2012, 1:43 am
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No necesito preocuparme de hacerlas llegar, llegan igual: es la ley de una foto. Cosa de la Central Internacional de Fotografías, del Comité Central de Fotógrafos Unidos del Mundo  (no alcanzaste a saber que esto se lo saco a Marchant.  No alcancé a mandarte ‘sendas’ transcripciones de un libro que te hubiera gustado).

Ni studium y ni punctum: tú en chaleco verde, mirando primero hacia arriba y luego hacia abajo. O al revés, da igual. Son las únicas dos fotos que tengo de ti, las únicas que te tomé y las únicas que conozco. Tú en el sillón azul que desapareció hace ya un tiempo, como tú y como nuestros años en Santiago. Todo desapareció, y lo que no desapareció está a punto de hacerlo.

Nuestra amistad no. Eso no. Nuestra amistad se confirmó en el exacto momento en que tomaste un bus a esa ciudad que ahora te guarda como el mejor secreto de unos años perdidos, irremediablemente perdidos. Una amistad que no es más que un silencio de veintidós meses, una ausencia de tres años.

No he vuelto a escuchar la canción que insistías en poner una y otra y otra vez. No he vuelto a tomar el té con rosas que no dudaste en agotar en menos de una semana. No vuelto a leer a Badiou. Nunca más a Badiou.

Dos fotos, nada más. Dos fotos tomadas el mismo día y en el mismo lugar. (Me acuerdo perfectamente de ese día: habíamos ido a ver una Actores secundarios a la librería de Le Monde Diplomatique, luego fuimos a mi departamento y me dejaste tomarte dos fotos, sólo dos. Sin mirar a la cámara, esa era la regla. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde eso?)

Las fotos le van a llegar, eran para ella desde antes de que las tomara. Tú lo sabes y me lo confirmaste convenientemente vía mail. Para ella y sólo para ella son estas fotos. Para ella que nació en abril y nada sabe de nuestros años en Santiago.

Avui i sempre, amics.



Cuéntalo todo
enero 10, 2012, 12:44 am
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(Rollo 11, # 27, originalmente cargada por ThisIsHav).

Todo lo que he hecho estos meses es escribirte cartas de amor. Escribirte aunque no leas lo que escribo, aunque no lo vayas a leer nunca. Eso no importa. Te escribo, es decir, te hago entrar en el texto como en un sueño. Como un sobreviviente del amor, dejo testimonio de esta imposibilidad que nuestro amor siempre ha sido.

Mi profesor me lo dijo hoy: las cartas de amor tienen que ser breves. Una o dos frases bien elegidas harán todo el trabajo y ella va a poder decir: me dijo esto. Una dos frases para que las memorices, para que sean el código postal que lleves contigo.

Trato de escribirte mi amor en una o dos frases. Vas a tener que saber reconocerlas para poder decirle a otros lo que te he dicho sólo a ti. Te escribo una o dos frases para que puedas contar nuestro secreto, ¿ves? Te ahorro tiempo: no vas a tener que resumir, vas a poder decirlo todo sin que ningún detalle se escape. Y si cuentas nuestro secreto entonces está todo decidido. El secreto debe circular, debe ser contado, gritado a los cuatro vientos incluso. Sólo contándolo el secreto permanece secreto.

Me vas a decir que lo que digo no es más que un vicio de intelectual, que estoy inventando. Me vas a preguntar de dónde saco estas cosas, me vas a decir que si se cuenta ya no es secreto. Tienes razón: el secreto no se cuenta, pero no se cuenta porque no se puede. Es imposible.

Quizás decirlo así: puedes cometer la infidencia de decir lo que te he dicho, puedes copiarlo en tu cuaderno y repetirles palabra por palabra todo lo que te he escrito. De nada sirve: hay algo que no vas a poder decir. Repítelo todo, usa mi tono, reproduce mis gestos, conviértete en mí, de todas formas algo quedará sólo entre los dos. El núcleo secreto del secreto sólo aparece cuando lo cuentas.

Anda, dilo, di que todo lo que he hecho estos meses es escribirte cartas de amor, diles que en cada cosa que escribo hay una o dos frases que son para ti y sólo para ti.

Cuéntalo todo, guarda el secreto.



M.D, periodista
diciembre 30, 2011, 3:33 am
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(ertyui1a, originalmente cargada por canyouseemysea).

 A VVR

Debe ser difícil haber estudiado periodismo. No ser periodista, que es ya otra cosa, o quizás no, quizás es lo mismo. Yo no sé qué hubiera hecho si me hubiera visto forzado a trabajar como administrador público: hubiera vivido contradicciones que ahora sólo vivo superficialmente o a ratos. O bien, que no tomo en serio.

Si yo ejerciera como administrador público (o como cientista político, que es peor), me hubiera gustado que alguien como Marguerite Duras escribiera algo sobre ser administrador público. Quizás por eso voy a poner acá la cita que voy a poner acá. También lo hago como testimonio y como homenaje: testimonio de una época en que se podía decir esto del periodismo, aun cuando no se fuera periodista (y MD no lo era, era escritora y quizás haya sido la escritora, junto a Clarice Lispector), homenaje a los que aun siguen haciendo algo porque estas palabras tengan sentido:

No hay periodismo sin moral. Todo periodista es un moralista. Es absolutamente inevitable. Un periodista es alguien que mira el mundo y su funcionamiento, que lo vigila de muy cerca todos los días, que lo entrega para que se lo vea, que entrega al mundo y al acontecimiento para que se lo revise. Y no puede hacer ese trabajo y a la vez no juzgar lo que ve. Es imposible. Para decirlo de otra forma: la información objetiva es un error total. Es una mentira. No hay periodismo objetivo, no hay periodista objetivo. Me deshice de muchos prejuicios, y me parece que este es el principal: creer que la objetividad era posible cuando se relataba un acontecimiento.

Escribir para lo diarios es escribir al tiro. No esperar. La escritura debe estar afectada por esta impaciencia, por esta obligación de ir rápido y de descuidarla un poco. La idea del descuido con lo que se ha escrito no me molesta.

Mire, a veces hacía artículos para diarios. De tiempo en tiempo escribía afuera, cuando me sumergía en el afuera, cuando había cosas que me volvían loca, outside, en la calle – o cuando no tenía otra cosa mejor que hacer. Eso pasaba.

— Marguerite Duras, “Avant-propos”, en Outside (Paris: P.O.L Éditeur, 1984), 7



La impaciencia
diciembre 10, 2011, 4:10 am
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(Rollo 11, # 27, originalmente cargada por ThisIsHav)

Sí, el alcohol me ha ayudado a escribir. O no tanto a lo que un cierto sentido común llama a escribir como a lo que ese mismo sentido común llama dejar de escribir.
Siempre que puedo escribo a mano (ahora mismo lo estoy haciendo.Ya no), luego transcribo en el computador (como ahora), de manera que el texto a mano funciona como una especie de borrador. Transcribir me ayuda a corregir. Hay el terminar el texto a mano y hay el terminar el texto en el computador.
Del primer terminar ya hablé. Es en el segundo donde entra el alcohol: sirvo el primer vaso y me siento frente al computador. Tengo un cálculo aproximado del ritmo y de las cantidades según el número de páginas: una página a mano es, más o menos, un minuto de exposición y demora unos cuarenta minutos transcribir y uno veinte más corregir. Esos son tres vodkas a un ritmo moderado, contando algunas pausas para hacer cigarros, leer y contestar mails y  hablar con algunos amigos.
Siempre que termino quiero borrarlo todo, re leer las ‘fuentes’, re-traducir las citas cuando toca. Sería eterno, por eso tomo: porque cuando termino ya no quiero  hacer nada de eso que sí haría si no hubiera tomado (y que hago cuando no tomo).
El pecado capital es la impaciencia.


La noche, el trabajo
octubre 27, 2011, 3:57 am
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(Untitled, originalmente cargada por margaritaitaita).

Te quiero, qué comienzo,
peor es tragar saliva

Siempre es lo mismo: leo por última vez el texto, trato de asegurarme de que todas las comas estén bien, de que no haya errores en los géneros, en los números, en las citas. Termino, me paro, prendo un cigarro. Y ahí, precisamente ahí, nunca antes, siempre de pie y siempre con un cigarro: el golpe. O algo que viene de golpe. Un “hay que decir otra cosa”. Il faut, es preciso, alguien debe: il faut que quelqu’un.

y peor aún este nudo en la garganta que toma los contornos
del mundo o la forma de un grano de ripio pegado a la planta de los pies

Viene de golpe y en varias voces. Un coro. Es la voz de E. preguntándome qué quiero decir, es la  de voz M. interrogando sobre un punto que no cerré , es la voz de B. diciéndome “escribes como hablas”. Es voz la de tantos que hablan en mí. Es también los ojos de G., la sonrisa de A., el gesto de F., el silencio de M. Siempre el silencio de M. Me piden valentía, me piden que por fin diga lo que quiero decir, que tome la palabra y por fin lo diga. O que lo calle. Nunca se sabe bien.

a cada instante engaño
a cada instante me engañan

Esa exigencia viene siempre de fuera y siempre llega tarde. Me interrumpe y yo dejo que me interrumpa. Me quita el texto, lo hace suyo. Ya no es mi texto. Ya no es ni siquiera el de esas voces.

Toma nota, acompáñame



Dile a la luna que venga
agosto 22, 2011, 3:09 am
Archivado en: Escribir(se), Leer(se)

(01, originalmente cargada por 朴白).

Dile a la luna que venga
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena
— Federido García Lorca, “La sangre derramada” en Llanto por Ignacio Sánchez Mejías

Escribo poco acá, en este blog. Razón (técnica): no sé escribir en el computador, tengo que transcribir desde cuadernos u hojas sueltas, todas convenientemente clasificadas en una carpeta con separadores que me regaló Gabriela. Ese no-poder-escribir-en-el-computador es un tema frecuente en mis conversaciones con Ernesto. A él también cuesta, y siempre nos soprendemos de la gente que sí puede (el otro día me decía que Gonzalo escribía todos sus apuntes en el computador, que él (Ernesto) creía que hacía falta un método tremendo para lograrlo. También dijo “no sé cómo mierda”).

Roland Barthes cuenta que escribía a mano hasta que Philippe Sollers lo convenció de que con un cierto ritmo era posible usar la máquina de escribir naturalmente, como si se escribiera a mano. Una cuestión de ritmo, incluso de compás; Roberto Bolaño escribía en computador las novelas y a mano los poemas; Blanchot, me parece, escribía a máquina (aunque las cartas sí las escribía a mano). De todas formas, Ramón Méndez cuenta que en sus días mexicanos Bolaño escribía de 4 a 8 de la mañana, me imagino que a mano. Barthes escribía en la mañana, y ya de adulto Bolaño también usaba las mañanas. Maurice Blanchot, de noche (porque no le quedaba otra, selon lui).

Me obsesiona un poco el asunto de los instrumenos de escritura y los horarios de escritura. Cuando leí Una relación casi maníaca con los instrumentos gráficos adopté el horario de Barthes (con desfase de media hora). Resultó un tiempo pero luego volví a escribir de noche. Tengo a mi favor a Pizarnik y a Mistral, que no sé si escribían de noche pero sí que no querían que llegara el día (¿cuál día?).

(Es crudo el amanecer. Un miedo terrible a que amanezca y yo esté despierto).



Cuaderno naranjo (2011-2008)
julio 24, 2011, 3:49 am
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(felip @ santa lucía., originalmente cargada por hav).

Cierta improductividad desde que volví a Santiago después de Navidad. Incapacidad relativa para concentrarme, para dejarme “atrapar” por un texto (excepto Barthes, claro) (Enero 4, 2011)

*

Lo que me gusta de las plumas es que, por el ángulo o algo así, hay que inclinarse, volcarse sobre el papel (Septiembre 23, 2010)

*

Mi voluntad, temprana y constante, de dormir en el piso ¿significará algo? (Agosto 9, 2010)

 *

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