Una nueva vuelta del interminable ballet


Dile a la luna que venga
agosto 22, 2011, 3:09 am
Filed under: Escribir(se), Leer(se)

(01, originalmente cargada por 朴白).

Dile a la luna que venga
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena
— Federido García Lorca, “La sangre derramada” en Llanto por Ignacio Sánchez Mejías

Escribo poco acá, en este blog. Razón (técnica): no sé escribir en el computador, tengo que transcribir desde cuadernos u hojas sueltas, todas convenientemente clasificadas en una carpeta con separadores que me regaló Gabriela. Ese no-poder-escribir-en-el-computador es un tema frecuente en mis conversaciones con Ernesto. A él también cuesta, y siempre nos soprendemos de la gente que sí puede (el otro día me decía que Gonzalo escribía todos sus apuntes en el computador, que él (Ernesto) creía que hacía falta un método tremendo para lograrlo. También dijo “no sé cómo mierda”).

Roland Barthes cuenta que escribía a mano hasta que Philippe Sollers lo convenció de que con un cierto ritmo era posible usar la máquina de escribir naturalmente, como si se escribiera a mano. Una cuestión de ritmo, incluso de compás; Roberto Bolaño escribía en computador las novelas y a mano los poemas; Blanchot, me parece, escribía a máquina (aunque las cartas sí las escribía a mano). De todas formas, Ramón Méndez cuenta que en sus días mexicanos Bolaño escribía de 4 a 8 de la mañana, me imagino que a mano. Barthes escribía en la mañana, y ya de adulto Bolaño también usaba las mañanas. Maurice Blanchot, de noche (porque no le quedaba otra, selon lui).

Me obsesiona un poco el asunto de los instrumenos de escritura y los horarios de escritura. Cuando leí Una relación casi maníaca con los instrumentos gráficos adopté el horario de Barthes (con desfase de media hora). Resultó un tiempo pero luego volví a escribir de noche. Tengo a mi favor a Pizarnik y a Mistral, que no sé si escribían de noche pero sí que no querían que llegara el día (¿cuál día?).

(Es crudo el amanecer. Un miedo terrible a que amanezca y yo esté despierto).


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No poder escribir fluídamente por estos lugares, quizás sea, pura inseguridad.

Cuando leí la sangre derramada yo era muy niña, me violentó tanto que muchas veces se me apareció el grito ¡ que no quiero verla! interrumpiendo mi sueños.

Ahora que ví tu blog actualizado la frase, una vez más, me ha vuelto a interrumpir.

Comentario por Dolores K




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